El pasado 20 de julio el ministro canadiense de inmigración Jason Kenney anunció que medidas concretas se iban a tomar para revocar la ciudadanía de unas 1800 personas sospechadas de haberse nacionalizado de manera fraudulenta. No fue una declaración al aire pues desde julio ya se empezaron procesos para revocar la ciudadanía de unas 2100 personas. En eso se culpó a los individuos que cometieron los fraudes y a los consultores y abogados que los ayudaron. Es un buen recordatorio que aunque la profesión de consultores de inmigración es reglamentada, hay que mantener los ojos abiertos para que se cumplan y respeten las leyes.

Entre el 1947 – año de la implementación de la Ley de Ciudadanía – hasta el 2010 solo se había revocado la ciudadanía a menos de 70 personas según un artículo de la CBC. Un caso que circuló mucho en los noticieros fue el de dos ex-nazis que perdieron su ciudadanía en el 2007, a sus 83 y 96 años, cuando salio a la luz que habían sido nazis criminales de guerra. Antes de ese año, la revocación de la ciudadanía era excepcional.

Sin embargo hay una “estrategia” desafortunadamente nada excepcional que se usa por centenares de residentes permanentes para conservar su residencia y para pedir la ciudadanía canadiense. Es un método muy conocido que hasta recientemente, se hacía con pocas consecuencias para los delincuentes. Básicamente, el nuevo residente se creaba una residencia en Canadá, donde recibía correspondencia y sus facturas de luz, teléfono y demás servicios, pero seguía viviendo en el exterior. La ventaja de eso era que se podía obtener la ciudadanía después de un cierto tiempo y así, tener un pasaporte canadiense con todas las ventajas que lleva. Para otros permite al menos conservar la residencia – con todas sus ventajas – sin estar físicamente en Canadá. Ese método requiere de una persona que este físicamente en Canadá y de manera general, esa persona es un asesor de inmigración sin escrúpulos.

Eso es una vergüenza para los profesionales de la inmigración y para los inmigrantes. Al hacer parte de un grupo social o profesional (en ese caso, los inmigrantes y los consultores de inmigración), una acción de uno de los miembros del grupo, aunque la mayoría del mismo grupo este en contra de esta acción, provoca una imagen negativa que afecta al grupo entero. En ese caso, los fraudes de los inmigrantes con el apoyo (y el consejo) de sus asesores delincuentes, afecta la reputación de muchos, además de afectar la credibilidad del sistema de inmigración canadiense y el valor de la ciudadanía y de los privilegios que esa confiere. Por lo tanto apoyo al 100% la medida del gobierno para revocar la ciudadanía a las personas que la obtuvieron de manera ilícita, y para castigar a sus cómplices.

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